LAS AMPLIACIONES DE CONCIENCIA



LAS AMPLIACIONES DE CONCIENCIA
por Francisco-Manuel Nácher

¿Tú crees que es posible ampliar la conciencia?
- Por supuesto.
- Pero, ¿cómo se puede ampliar una cosa tan etérea, tan diría yo,
inexistente? Porque, vamos a ver: ¿Qué es la conciencia?.
- La definición que así, a bote pronto, se me ocurre es la de que la
conciencia es "la certeza de la propia existencia y del lugar que
ocupamos". ¿Te vale?.
- Sí. Reflexionando un poco, sí. Pero, ¿eso se puede ampliar?.
- La definición, no. Claro que se puede expresar con otras palabras,
pero la idea sería la misma: Cada uno de nosotros somos conscientes de que existimos y podemos, a la vez, examinar y ser examinados; podemos ser observadores de nosotros mismos y esa es la gran adquisición de la filosofía. Los animales, al carecer de mente, son incapaces de estudiarse a sí mismos y, si bien existen, no son conscientes de ello.
- Ya comprendo. Pero no me has respondido a mi pregunta: ¿Cómo
se puede ampliar esa certeza de la propia existencia?.
- Conociéndose a sí mismo, es decir, estudiándose a sí mismo,
descubriendo los mecanismos internos que controlan y comandan nuestro pensamiento, nuestras emociones y, consecuentemente, nuestros actos.
- ¿Eso es ampliar la conciencia?.
- Realmente, no. Primero debe venir el conocimiento, digamos,
esencial; y luego, una vez asentado, puede tener lugar la expansión
propiamente dicha.
- Explícate, por favor.
- Bien. Si te he dicho que los animales no tienen conciencia de su
existencia, pero el hombre sí, es lógico pensar que, cuanto más profundice el hombre en ese campo, más se alejará del estadio animal.
- Lógico.
- Si es lógico, lo primero que tendrá que hacer cada hombre que
quiera serlo más, es mirar hacia adentro de sí mismo y estudiar y sentir eso de la existencia, es decir, darse cuenta, conscientemente, de que existe y de que es él, precisamente él y no otro. Es decir, de que hay todo un mundo dentro de él, al que no tiene acceso nadie, salvo él mismo, y otro mundo exterior, al que tienen acceso todos y en el que actúan e intervienen todos, incluso él. ¿De acuerdo?.
- De acuerdo.
- Pero, si seguimos observando, veremos que ese mundo exterior, en el cual pueden actuar todos (y, al decir "todos", me refiero a los hombres, a los animales, a los vegetales, a los minerales, a los elementos, etc.) además de uno mismo, a su vez, nos influye a nosotros. Es decir, afecta a nuestro mundo interior que creíamos inexpugnable.
- Sí, es cierto.
- Y aquí empieza el proceso de la ampliación de ese concepto inicial que es la certeza de la propia existencia: El mundo exterior a nosotros puede influir en nuestro mundo interno. ¿Y qué consecuencias produce esa influencia, esa intromisión?. ¿Y cómo se produce?.
- Sí. Es un tema muy interesante.
- Está claro que se produce a través de las vibraciones que percibimos del mundo exterior, gracias a nuestros cinco sentidos, ¿no?.
- Sí. No tenemos otro medio de conocer el mundo exterior.
- Pero, no sólo eso. Las vibraciones en sí no significarían nada si no
fuesen interpretadas, decodificadas diríamos en lenguaje moderno, y traducidas en imágenes que, a su vez, nos producen emociones que, por fin, además de quedar archivadas en nuestra memoria, nos impulsan a actuar de algún modo. ¿De acuerdo?.
- Completamente.
- Con ello hemos visto que el mundo exterior penetra en nuestro
mundo interno. Veamos ahora cómo puede influirnos.
- Vamos a ver.
- En este punto, me gustaría considerar el efecto que cada uno de
esos impulsos sensoriales produce en nuestro mundo interno la primera vez que llega a nosotros, o cuando lo hace repetidas veces, durante la infancia.
- ¿Y eso por qué?.
- Porque el hombre tiende instintivamente a generalizar y tú sabes lo que significa generalizar, ¿no?.
- Creo que sí: Atribuir a muchos o a todos lo que hemos visto en uno o en algunos.
- Exacto. Pero hay más. Mira hacia adentro y verás como, en
realidad, cuando percibes algo nuevo, su impacto crea en ti una especie de programa informático de actuación en respuesta a ese estímulo, un modelo de pensamiento que, en lo sucesivo, se pondrá en funcionamiento y se constituirá en primera premisa de tus razonamientos, cada vez que ese estímulo se repita; será un funcionamiento inconsciente, que se te aparecerá como propio de tu personalidad, aunque no lo sea; pero irremisiblemente, condicionará tu actuación en el mundo exterior.
- No comprendo bien qué quieres decir.
- Lo verás con un ejemplo. Imagina que nunca has hablado con un
chino y, por tanto, no tienes una idea definida sobre su modo de ser. Pero un día, un amigo te presenta a un chino; pasáis la tarde juntos y resulta ser un hombre chistosísimo, agradable, simpático, extrovertido, ocurrente y verdaderamente encantador. Pues bien, aunque tú sólo conoces a un chino y existen, si no estoy mal informado, unos mil doscientos millones, habrás desarrollado un modelo de pensamiento, una primera premisa para todos
tus razonamientos futuros en relación con los chinos, un programa
inconsciente según el cual los chinos, todos los chinos, se verán como simpáticos, chistosos y encantadores. Y, cuando hables de los chinos, dirás que son así. Y, cuando te presenten a otro chino, en principio, tu programa automático le atribuirá todas esas cualidades y tú comenzarás a tratarlo como si todo ello fuera cierto.
- Sí. Te comprendo y es verdad. Pero, ¿qué inconveniente hay en
ello?. Si no tengo más experiencia con chinos...
- No, si es cierto. Es nuestro mecanismo interno para aprender, para
asimilar conocimiento, para evolucionar. Pero es un mecanismo
automático, que nos sirve para la primera o las primeras experiencias de cada tipo y, por tanto, nuevas, sin precedentes, y a cualquier edad. Todas ellas crean programas subconscientes que condicionan nuestra postura futura frente a estímulos análogos.
- Lo comprendo.
- Lo que ocurre es que, ese mecanismo de asimilación, de
aprendizaje, de defensa o de posicionamiento en la vida, nos es muy útil, prácticamente necesario, en la infancia, cuando realmente somos aún casi animales, puesto que aún no hemos desarrollado la mente y por eso, como a los animales, esos programas inconscientes y automáticos nos sirven para defendernos y permitirnos "sobrevivir" en determinadas situaciones o ante determinadas agresiones.
- Explícate.
- Por ejemplo: Si a un niño se le arranca de las manos un juguete con el que está jugando, ello le producirá dolor y, por tanto, llorará. Si, como consecuencia de ese llanto, se le devuelve el juguete, automáticamente se programará el llanto para la próxima vez que se le prive de algo que desea, como medio de conseguirlo y con ello el niño irá conservando sus pertenencias o incluso aumentándolas. Lo mismo podría haber programado el patalear o el agredir al "ladrón" que le priva de lo suyo, y ese niño, en el futuro, pataleará o agredirá a quien le impida satisfacer un deseo. Todo ello de modo inconsciente, pues se trata de algo ajeno a la propia personalidad. Son sólo mecanismos de defensa subconscientes.
- Es muy lógico.
- Y muy útil, sobre todo para los animales, que los conservan toda la vida y a uno lo hacen huir a tiempo y a otro esconderse a tiempo y al tercero atacar a tiempo... Pero con el hombre, cambia la cosa.
- ¿Por qué?.
- Porque el hombre posee mente, inteligencia, razón o como quieras
llamarla y, por tanto, posee malicia, y esos programas que, sin querer, los niños graban en su subconsciente, en un adulto no sólo son ya de defensa, sino de egoísmo, de orgullo, de envidia, de ira, de ambición, de crueldad, etc. Y lo que es peor...
- ¿Qué?.
- Que, a diferencia del animal, el hombre, desde que desarrolla la
mente debe usarla, y ponderar racionalmente en cada caso las
circunstancias concurrentes; y, si es preciso, si es razonable, sobreponerse a esa programación automática que será siempre, hasta que la elimine reprogramándose a sí mismo, es decir, reprogramando su subconsciente, la primera que brotará ante cualquier contingencia. Y así tenemos al niño al que se hizo envidioso que, de mayor, sigue envidiando y, aunque posea
riquezas, como no se dé cuenta de su "defecto" y se reprograme, seguirá envidiando a todo el mundo y será desgraciado por ello; y, como actuará movido por la envidia, hará desgraciada a mucha gente. Y el niño al que se hizo orgulloso, de mayor, seguirá tratando a los demás despectivamente, con lo que se acarreará el desamor, cuando no el odio, de quienes con él se relacionen que, generalmente, no se habrán tampoco reprogramado a sí
mismos. Y el niño que utilizaba con éxito el llanto para conseguir sus propósitos, a menos que se reprograme una vez adulto, seguirá llorando y sintiéndose desgraciado ante cada contrariedad. Y el niño al que se hizo ambicioso o avaro o irascible o cruel, seguirá siéndolo instintivamente durante su vida, a menos que se reprograme conscientemente. Y esa reprogramación, precisamente, es lo que se ha venido en llamar la "ampliación de conciencia". Recuerda aquellas palabras de San Pablo cuando dice: "Aquello que quiero hacer, no lo hago y, en cambio, hago lo que no quiero hacer". En ese momento, no cabe duda de que estaba llevando a cabo su reprogramación, su ampliación de conciencia.
- ¿Y en qué consiste?
- Pues consiste en concienciarse, primero, de que uno tiene en
funcionamiento determinados programas subconscientes, determinados modelos de pensamiento, no siempre verdaderos ni justos ni acertados ni correctos, que dan lugar a prejuicios que le condicionan y le hacen actuar no de acuerdo con lo que sería razonable, sino de modo instintivo, visceral, como si aún fuera un niño. Una vez convencido de ello, tendrá que estar
atento a los momentos en que esa programación salte, para combatirla racionalmente, estudiando las circunstancias de cada caso y adoptando la postura que aconseje la razón.
- ¿Y cómo se controla? ¿Me puedes enseñar algún sistema?.
- Sí. Uno muy interesante y que te aconsejo uses siempre que puedas, siempre que te examines a ti mismo. Y es el siguiente: Reduce ese modelo de pensamiento, ese programa automático a su mínima expresión gramatical, a sólo una frase. Por ejemplo, en el caso de los chinos que hemos visto antes, la frase sería: ‘’Todos los chinos son simpáticos.’’
- ¿Y ya está?
- No. Eso es sólo un primer paso. Pero esa frase, esa idea, ese modelo de pensamiento que tu mente creó automáticamente al conocer al primer chino de tu vida, como hemos visto, actuará apenas te relaciones o pienses o hables de otro chino, lo cual te hará pensar o decir o hacer cosas no correctas: Por eso; una vez localizado ese modelo de pensamiento; ese programa; ponle dos interrogantes antes y dos después, así: ¿¿Todos los
chinos son simpáticos??. Esos dos interrogantes tienen la virtud, para ti, de obligarte a comprobar la exactitud de ese pensamiento que era correcto para tu primer chino. Al preguntártelo con tus dos interrogantes, te surgirán enseguida ideas como éstas: ‘’Hay muchos chinos y sólo conozco uno, luego no pueden ser todos simpáticos, lo lógico es que haya de todo’’; ‘’Es un país inmenso con más de cien dialectos y etnias y con todos los
climas imaginables, y no puedo juzgar a todos sus habitantes en base a uno sólo’’; ‘’Si fuera verdad y encontrase un chino antipático, no lo trataría como chino, lo cual no sería lógico’’; etc.
- ¿Y qué pasa con eso?
- Pues pasa que, sin darte cuenta, has deshecho el modelo de
pensamiento antiguo que se erigía en primera premisa de tus
razonamientos sobre los chinos, y has establecido otros modelos de
pensamiento, más ciertos, más ajustados a la realidad, y que serán los que usarás en el futuro.
- ¿Cuáles, por ejemplo?
Ya lo has visto: ‘’Hay chinos simpáticos y antipáticos’’; ‘’El hecho
de ser chino no significa necesariamente ser simpático’’; ‘’Los chinos son como los demás en cuanto a simpatía se refiere’’; etc. ¿Comprendes?.
- Sí. Está clarísimo: Esos dos interrogantes me hacen comprobar si el modelo que yo usaba sin examen y que mi propia mente creó con su mecanismo particular, es realmente correcto o si debo modificarlo y sustituirlo por otro o por otros. Está clarísimo. Entonces, ¿eso es la ampliación de conciencia?
- En términos generales, sí. Aunque hay varios escalones en el nivel
de conciencia y, además de lo que acabamos de decir, es preciso, en cada momento de la vida, tratar de ser consciente de en qué nivel se está actuando.
- ¿Varios escalones?. ¿Qué quieres decir?
- Varios grados de ampliación. Es como si fueras subiendo un monte.
Cuanto más alto asciendes, más campo dominas y mejor comprendes la configuración del terreno, el curso de los ríos, el emplazamiento de los microclimas, etc.
- Te comprendo. ¿Y cuántos niveles o escalones hay?
- Yo no podría dar un número que sirviera para todos. En términos
generales, señalaría siete niveles. Cada uno de ellos, sin embargo,
comprende infinidad de subniveles que, al final, convierten la totalidad en infinita. Pero esos siete, que podríamos denominar "rellanos" en una escalera de infinitos escalones, son los puntos de separación entre grados definidos.
- ¿Y cuáles son?.
- Antes de contestarte me interesa que te des cuenta de algo que
generalmente nos pasa desapercibido y es importante.
- ¿Qué es?.
- Que debemos regir nuestra vida por la razón, con el auxilio del
sentimiento. Pero, de ninguna manera, debemos regirla por las emociones, que no son, casi siempre, más que esas programaciones subconscientes.
Fíjate en este ejemplo y aplícalo a la situación que quieras: La explosión del materialismo en el mundo hizo que una generación de jóvenes programaran que ellos sólo creían lo que veían. Y con esa afirmación tan irracional han funcionado y siguen funcionando, sin caer en la cuenta de que el mundo está lleno de cosas que no se ven pero que están ahí y nos influyen, las percibamos o no y, lo que es más grave, las conozcamos o no.
Luego, la física ha demostrado que la materia no es más que energía y ésta no es más que vibración. Lo lógico, en tales circunstancias, sería reconocer su error, ya que un materialista sin materia no tiene sentido, ¿no?. Pues no, esos programas subconscientes continúan funcionando. Y funcionarán y condicionarán la cultura y la ciencia hasta que un número suficiente de hombres de ciencia y de docentes se dé cuenta de lo irrazonable de su postura y se reprogramen. Y, como éste, podría ponerte cientos de
ejemplos de nivel mundial. A esos ejemplos, que afectan a generaciones enteras, añade los particulares de cada individuo y te darás cuenta de cómo y por qué resulta tan difícil la convivencia y por qué parece la vida tan falta de sentido.
- Está clarísimo. Pero, ¿qué podemos hacer?.
- Sencillamente, usar la mente. Con la mente, con la inteligencia en la mano, por decirlo así, no cabe más que esta postura cada instante de nuestra vida: ¿Qué problema tengo?. Éste o aquél. ¿Puedo hacer algo ahora para solucionarlo?. Sí, o no. Si puedo hacer algo, debo hacerlo ya, con lo cual, no tengo por qué preocuparme más. Y, si no puedo hacer nada, es irracional preocuparme. Ésta es la postura que puede hacernos felices.
Hemos de luchar por nuestra felicidad, pero no quedarnos en el miedo, la inseguridad o la autocompasión. Eso no son más que puras emociones, no racionales, fruto de programaciones subconscientes de la niñez que, además, nos tensionan y nos hacen comportarnos indebidamente con los demás. Y ya no somos niños. En el fondo piensa que el psicoanálisis no es más que una reprogramación de esos programas automáticos. Y el examen
de conciencia, bien mirado, no tiende a conseguir otra cosa.
- Está claro. Díme, pues, esos siete escalones o grados.
- Sí. Ahora lo verás más claro. El primer escalón es el de la
Supervivencia o de la Seguridad.
- ¿La supervivencia?. ¿Así como suena?.
- Así como suena. Y comprende todo lo relacionado con la
conservación de la vida, la salud, los bienes esenciales, etc. Es aquello a lo cual, en caso de necesidad, uno está dispuesto a sacrificarlo todo. Por eso te he dicho supervivencia o seguridad, pues en este nivel de conciencia, son equivalentes.
- ¿Qué quieres decir?.

- Por ejemplo: Si te dan a elegir entre la vida o mucho dinero, ¿qué
elegirás?.
- Lógicamente, la vida. ¿De qué me iba a servir el dinero sin ella?:
-¿Y lo mismo te ocurriría con todos los demás bienes que puedes
imaginar, ¿no?.
- Sí.
- Pues ese es el primer grado, el grado animal, el grado en el que
todos empezamos. Y resulta natural cuando la elección es forzada, como en mi ejemplo. Pero cuando, a lo largo de la vida, un hombre considera como "necesario" cualquier capricho, cualquier deseo o cualquier inclinación, entonces tiene centrada su conciencia en este primer escalón y resulta nefasto para él mismo y para cuantos le rodean o dependen de él e, incluso, para los que con él se relacionan.
- Pero hay gente que es capaz de sacrificar su vida por otros.
- Claro, pero ¿sabes por qué?. Porque su conciencia no está centrada en este escalón, sino en el cuarto o en otro superior. Si un hombre considera que lo más importante es su vida y sus necesidades, es incapaz de sacrificarse por nadie ni por nada.
- Es lógico. Pero, ¿hay mucha gente así?.
- Muchísima. Son así los que se sienten inseguros en la vida y, por
tanto, los que temen. Por su deformación programática, consideran a los demás, siempre, como peligros potenciales, como enemigos contra los que hay que combatir o, peor aún, como objetos que hay que conquistar o dominar para sentirse seguros, o que hay que eliminar porque ponen en peligro la propia seguridad.
- ¿Y cómo se puede uno reprogramar en este escalón?.
- La víctima ha de convencerse de que esa necesidad de seguridad es sólo fruto de una programación subconsciente. Y, una vez convencido de ello, repetírselo y razonarlo cada día y, sobre todo, cada vez que esos programas de miedo se pongan en funcionamiento de modo espontáneo y
le coloquen "frente" a alguien sin un motivo racional aparente.
- Comprendo. ¿Pero no hay nada de positivo en esa postura, en esa
programación automática?. ¿No nos sirve para prevenir peligros y para sobrevivir, al fin y al cabo?.
- No. Cuando somos niños, sí. Pero de adultos, nos pone
permanentemente frente a los demás, sin posibilidad de admitir en un semejante la comprensión, el amor, la amistad o el desinterés. Vemos siempre el peligro e, instintivamente, luchamos contra él. Es una postura, tan conocida, que se ha enunciado diciendo que "homo homini lupus", es decir, que "el hombre es un lobo para el hombre".
- Sí, es cierto. ¿Y cuál es el segundo peldaño o grado en la
ampliación de la conciencia?.
- El segundo peldaño es el del Placer.
- ¡Hombre, eso sí que no me lo esperaba!. ¿Por qué el placer?. ¿Es
que es malo sentirse bien?.
- No. En absoluto. Sentirse bien es una obligación que todos
tenemos. Lo que ocurre es que hay quienes no conciben ni, por tanto, persiguen, más placer que el que proviene de los sentidos, y hacen girar sus vidas en torno a los estímulos placenteros que, por los sentidos, les llegan del exterior.
- ¿Y quiénes son esos?.
- Son los glotones, los melómanos, los jugadores, los bebedores, los
drogadictos, los obsesos sexuales, los fumadores empedernidos, etc. Gente para la cual el sumum de la felicidad, que persiguen a toda costa, es el que les proporcionan los sentidos. Y sacrifican a ello cualquier cosa menos, naturalmente, su propia seguridad, aunque algunos, hasta ésta sacrifican a su vicio, y aún la propia vida. No es necesario que te recuerde la serie de tragedias individuales y familiares que todas y cada una de estas dependencias han producido y siguen produciendo.
- ¿Pero no hay tampoco nada de positivo en todo ello?.
- Es positivo el desear que la comida tenga buen sabor y prepararla
para ello y es positivo disfrutar de la música o de cualquier cosa que no perjudique ni a nosotros ni a los demás. Pero, cuando se tiene centrada la conciencia en ello, es decir, cuando esa satisfacción de los sentidos se coloca por delante de cualquier cosa más importante, entonces resulta altamente negativo y destructor. Realmente, los tres primeros peldaños en la escala de la ampliación de la conciencia, son negativos.
- ¿Y cómo funciona este segundo peldaño?. ¿Puedes ponerme un
ejemplo?.
- Claro. Imagina que una persona tiene centrada su conciencia en el
sexo, cosa que parece, desgraciadamente, estar de moda. Esa persona se vestirá pensando en la mejor manera de gustar a sus presuntas víctimas, considerándolas, no como personas, sino como objetos de placer; decorará su casa con motivos alusivos y muebles ad hoc; su conversación girará casi exclusivamente en torno al sexo; sus chistes serán monotemáticos; cuando mire a una mujer será para imaginarla desnuda; sus lecturas serán eróticas... es decir, su vida entera no tendrá más objeto que el sexo. Pero, como el sexo, como cualquier sensación, a este nivel sólo puede producir
placer durante un momento, y luego produce un vacío que obliga a
continuar la búsqueda, siempre insuficiente y nunca saciadora, quien así tiene centrada su conciencia es toda su vida un desgraciado que va dejando desgracias en torno suyo.
- Es cierto. Y lo mismo ocurre, claro, con los demás placeres
sensuales, ¿no?.
- Exacto. Fíjate en los ludópatas o, si quieres, en esa adicción tan
actual del televisor: ¿Cuántas personas pasan ante él su tiempo libre, experimentando sensaciones que, una vez experimentadas, le dejan insatisfecho y cuyo efecto más ostensible es, precisamente, el deseo de ver el próximo programa para, tras él, quedar igualmente defraudados, y que habrán olvidado completamente a los dos días?. Sin embargo, todos hemos sacrificado a esa adicción una serie de cosas mucho más importantes, útiles y hasta necesarias, que nos hubieran producido más felicidad: Atender a los hijos, cumplir nuestras obligaciones, hacer ejercicio, mejorar nuestra
formación o nuestra cultura leyendo o estudiando, pasear, meditar, etc.
Quede claro que no estoy calificando la televisión, que es un medio de comunicación maravilloso, sino su adicción.
- Comprendido.
- Y hay otra cosa que quiero decirte. Cada escalón en la ampliación
de conciencia nos proporciona mayor energía vital que los anteriores, mayor relación interpersonal y mayor satisfacción. Compara sino la cantidad de energía, el número de relaciones con los demás y la cantidad de satisfacciones, aunque sean, como hemos dicho, de "baja calidad", que
desarrollan un glotón o un obseso sexual y la que desarrolla una víctima de la inseguridad, replegado temerosamente sobre sí mismo. La ampliación de conciencia, pues, nos eleva en todos los sentidos. Pero, repito, hasta que lleguemos a situar nuestra conciencia en el cuarto escalón, nuestra vida será una sucesión de actos, deseos, palabras y pensamientos negativos, que nos harán daño a nosotros mismos y a los demás.
- ¿Y cuál es el tercer escalón?.
- El del Mando, el Poder, la Autoridad.
- Tampoco me esperaba esto. ¿El mando en qué sentido?.
- En todos los sentidos. Y en este escalón hallan su expresión el
orgullo, el amor propio, la soberbia, el respeto humano, la hipocresía, la adulación, la lisonja, la calumnia, la injuria, y una serie muy numerosa de conductas similares. Todas ellas tienden a conquistar una cuota de poder, de mando, de autoridad, de respeto frente a los demás o, una vez adquirida, a no perderla o a incrementarla.
- Pero eso afecta a unos cuantos: Los gobernantes, los políticos, los
capitalistas...
- No. No te equivoques. Afecta desde al padre que le dice a su hijo
que él es el que manda y que le tiene que obedecer por el hecho de serlo (y que está con ello defendiendo claramente su cuota de poder frente al hijo)
hasta el dictador que ejecuta a los opositores a su régimen. Fíjate si el arco es grande. Añade a todo eso los títulos o signos de alcurnia o de nivel social, las "marcas" de los productos, la moda, la ostentación de posesiones o de capital, la búsqueda de la fama, el presumir de subordinados, las condecoraciones, etc.
- Sí, lo comprendo. Y el campo es inmenso. Y, bien mirado, todos
incurrimos en ello. Es impresionante esta disección de la conciencia que estamos haciendo.
- Sí. Y muy necesaria. Ojalá nos acostumbrásemos (lo mejor sería
que se nos enseñase en la escuela) a examinar nuestros sentimientos y reacciones a los estímulos externos para saber diagnosticar en qué escalón de la conciencia estamos actuando en cada momento. El mundo cambiaría rápidamente. Porque los enfoques negativos de la conciencia, a quien más desgraciados hacen es, precisamente, a quienes se hallan en ellos secuestrados.
- Es cierto.
- Pero fíjate también en que los que alcanzan el poder, incluso las
cotas más altas, con él no añaden ni un ápice a su valía como hombres y, a cambio, son infelices temiendo en todo momento perderlo y luchando contra los que, real o imaginariamente, pretenden arrebatárselo. Por ello, la única manera de ser feliz ostentando poder estriba en no desearlo, en no supeditarlo todo a él.
- También es cierto.
- Fíjate qué casualidad: ¿Qué piensas tú que quería decir aquel
mandamiento del Decálogo que rezaba: "No tendrás otro Dios más que a mí"?. Pues, precisamente, eso, que quien centra su conciencia en los tres primeros niveles y adora la Seguridad o el Placer o el Poder hasta el punto de no razonar sus actuaciones y reprogramarse, comete pecado de idolatría.
- Bien, pasemos, pues, al cuarto escalón, el primero, según me has
dicho, que traspasa la barrera de lo negativo y se eleva a lo positivo. ¿Cuál es?.
- El del Amor.
- ¿El amor?.
- Sí señor, el Amor. Centrar la conciencia en este escalón supone
amar a todo y a todos de modo incondicional.
- ¿Pero eso es posible?.
- No sólo es posible, sino necesario para evolucionar realmente. Y,
además, fácil.
- ¿Fácil?. ¿Es fácil amar a todos?. Pues yo no lo veo tan sencillo.
- Es cuestión sólo de intentarlo. Imagina a una madre con su hijo
pequeño que está jugando. Imagina que éste hace una travesura. A la madre, por supuesto, no le gustará; hubiera preferido que no la hiciese.
Pero, no obstante, aunque se enfade, aunque tenga que castigarlo para educarlo debidamente, seguirá queriendo a su hijo igual que antes, porque el amor que ella siente está por encima de esa minucia. Imagina ahora que ese niño crece y se convierte en un delincuente. La madre sufrirá, claro, puesto que de ese hijo sólo recibe disgustos e ingratitud, pero su amor por él no disminuirá y siempre tratará de comprender y disculpar al hijo de sus
entrañas. Eso es amor. ¿Lo comprendes?.
- Claro que lo comprendo.
- Pues intenta amar a todos así, como si fueses su madre. Hazlo por
un momento, pero en serio. Y luego trata de ver a los demás como hijos tuyos. O piensa que tú también cometes errores y te equivocas y ofendes y perjudicas a otros y, sin embargo, siempre estás dispuesto a justificar tu actuación y tus deseos y tus pensamientos y. más aún, a esperar que los demás te comprendan y hasta te acepten y te aplaudan. Piensa que eres como los demás, con las mismas limitaciones que los demás y que ellos,
por lo tanto, son semejantes a ti. Comprobarás, durante ese breve instante que, hagan lo que hagan y digan lo que digan, ha perdido importancia.
- Parece fácil.
- Es fácil. Y muy rentable. Porque, una vez has comprendido que, si
los demás actúan como lo hacen se debe, por un lado, a sus propios
programas subconscientes, y no a su verdadera forma de ser y, por otro, a que aún no se han dado cuenta de ello y, por tanto, actúan como tú lo hacías antes de saberlo y de intentar ampliar tu conciencia, con ello la habrás ya elevado y habrás conseguido varias cosas.
- ¿Qué cosas?.
- Primera, darte cuenta de que puedes elevar tu conciencia de un
escalón a otro. Segunda, experimentar, quizás por primera vez, el amor a todos los hombres. Tercera, comprobar que todo lo que, en escalones inferiores, te parecía importante, no lo es tanto, visto desde este escalón.
Cuarta, que has ganado en felicidad, en plenitud, en posibilidades de explorar tu propio interior, tan desconocido hasta ese momento... ¿Te parece poco?.
- No. Me parece mucho.
- Pues es sólo cuestión de intentarlo. Prueba, por ejemplo, cuando
vayas conduciendo tu vehículo y alguien te adelante indebidamente o te haga cualquier cosa que, en otras circunstancias te soliviantaría, a imaginarte que el otro vehículo lo conduce tu hijo, o tu padre o tu hermano o tu mujer o tu mejor amigo. Y entonces te darás cuenta de que, si lo hubieran hecho ellos, seguramente hubieras sonreído en vez de enfadarte.
O sea: No te hubieras sentido mal. O cuando te encuentras enzarzado, casi sin saber por qué, en una discusión con alguien. Si te das cuenta a tiempo de que, en realidad, el asunto en sí no tiene la importancia que le estáis dando, sino que lo que ambos estáis haciendo es, simplemente, defender a ultranza vuestra propia parcela de poder (amor propio, dignidad, honor o
como quieras llamarlo, pero Poder al fin), y elevas tu conciencia al cuarto escalón, automáticamente desaparece el problema: Ya no defiendes tu parcela de Poder y se ha acabado la discusión. De otro modo podéis seguir discutiendo, durante horas enteras, elevando cada vez más el tono y pudiendo hasta llegar a las manos. En realidad, a esa elevación oportuna de
conciencia se refiere el refrán, con su gran carga de sabiduría popular, cuando dice que "si uno no quiere, dos no riñen".
- Sí, es un buen sistema. Lo probaré.
- Puedes usarlo igual ante cualquier palabra, cualquier ofensa o
cualquier acto de los demás. Te dará el mismo resultado: Te sentirás feliz y por encima de las pequeñeces que tus programas, automáticos y subconscientes, de la "supervivencia", las "sensaciones" y la "autoridad" tehacían considerar como verdaderas montañas insalvables en el camino de tu felicidad. Los demás, por otra parte, percibirán tu postura y tu actuación
y actuarán, a su vez, contigo de modo positivo y amable.
- De todos modos, no lo veo tan sencillo.
- En la naturaleza, como en la economía, todo lo que vale, cuesta, es decir, todo tiene un precio. La naturaleza no da nada gratis, siempre se cobra un esfuerzo. Pero siempre vale la pena hacerlo. Y ello por dos motivos.
- ¿Qué motivos?.
- Primero, por la felicidad, paz y alegría interior que produce. Y
segundo, porque así ejercitamos la mente, el don que nos diferencia de los animales. En los tres escalones inferiores estábamos realmente a nivel animal. En éste ya no. No hay ningún animal capaz de llegar a este escalón. Éste es el sitio del hombre. Y, cuanto más lo frecuenta uno, más fácil le resulta acceder a él. Es decir, cuanto más se ejercita el músculo espiritual, más robusto se hace y más fácilmente se mueve y mayor rendimiento da.
- ¿Es, pues, este escalón cuestión mental?.
- Es el primero en el que utilizamos la mente directa y
conscientemente. Porque, no olvides que la mente no eres tú. La mente no es más que un instrumento tuyo, que eres espíritu y, por tanto, has de aprender a manejarla y a dominarla y a que piense lo que tú quieras y no lo que ella quiera, y se concentre sobre lo que tú le ordenes y resuelva los problemas que tú desees. Porque, te lo aseguro: No hay problema que una mente bien entrenada no sea capaz de resolver.
- Caramba, me estás ilusionando.
- Y no es para menos, porque este escalón da lugar a algunos
"subproductos" más, ¿sabes?.
- ¿Más aún?.
- Sí. Por ejemplo: Los demás dejan de ser "objetos" para pasar a ser
"personas"; lo cual, no te quepa duda, cambiará tu visión futura de la vida y del mundo; dejan de ser "amenazas", puesto que tú te has situado por encima de sus programas automáticos y sabes que los demás siguen siendo víctimas de ellos; tu corazón deja de sentir ansiedad y palpita más lentamente; tu sangre circula mejor; tus extremidades ya no se enfrían; tu cerebro funciona más eficientemente; tú disfrutas más que antes estando con los demás; y comprendes que, en el fondo, el que no los amases no era
culpa suya, sino de la importancia que tus programas automáticos y
subconscientes daban a una serie de circunstancias que en realidad no la tenían, o sea, que la culpa era tuya y no de los demás; el trabajo dejará de ser algo desagradable pues comprenderás que, al trabajar, estás aportando algo en beneficio de los demás y lo harás a gusto...
- ¿Entonces en ese nivel me ha de parecer bien todo lo que hagan los demás?. No me parece lógico.
- Yo no he dicho eso. Si obran mal, estará mal siempre, tengas tú
centrada tu conciencia donde la tengas. Y tú seguirás pensando que
obraron mal. Lo que ya no harás es soliviantarte o sentirte enfadado o perseguido u oprimido por los demás, porque habrás comprendido que esas sensaciones de infelicidad, en realidad, las creabas tú con la reacción de tus dichosos programas subconscientes. Si los demás subconscientes. Si los demás obran mal, allá ellos; es su problema y quizá deban tenerlo hasta que comprendan lo que tú has comprendido. Estarás, por tanto, obligado a ayudarles si te piden ayuda en ese sentido. Pero nunca a implicarte en sus
problemas de inseguridad, sensaciones o poder, porque tú eso ya lo has superado y lo ves con la perspectiva correcta. ¿Comprendes?.
- Sí, completamente.
- Y aún hay más.
- ¿En qué sentido?.
- Ten en cuenta que el tema del amor es inagotable. En realidad
podría decirse que todo el universo funciona por amor o, por lo menos, que todas las criaturas, todas, son sensibles al amor.
- Eso sí es posible.
- Y tan posible. Te voy a hacer una sugerencia.
- ¿Cuál?.
- Desde mañana por la mañana, cuando tengas tu momento de
recogimiento contigo mismo para meditar (cosa que, si no la haces, te recomiendo como necesaria para no dejarte arrastrar por la vorágine del mundo y acabar no sabiendo quién eres y qué haces aquí), dedica unos momentos a sentir amor por todas y cada una de las células de tu cuerpo.
Envíales oleadas de amor y diles que las quieres, que deseas que
permanezcan sanas y que funcionen bien y felices y, con gran sorpresa, comprobarás que te obedecen y, a partir de entonces, te sentirás mejor. Y ámate a ti mismo. Cada día. Desecha los programas automáticos que te hacen sentirte limitado, tímido o acomplejado. Tú no eres así, tú eres maravilloso, como todo lo que hay en el mundo; sólo te falta creerlo.
Quítate las gafas ahumadas de tus programas, y ámate porque lo mereces.
Y luego ama a los demás como a ti mismo. Cambiará tu vida. Lo mismo ocurre, y está comprobado experimentalmente, con los vegetales: Si les envías amor, si los envuelves en tu amor, pero siempre un amor desinteresado, deseoso de su felicidad y de su vida sin tropiezos, siempre, sin excepción, esa influencia del amor se nota muy favorablemente.
- Esto también lo voy a hacer. Es de impresión. Pero has dicho algo
que no acabo de ver claro.
- ¿Qué ha sido?.
- Eso de que el universo se mueve por amor.
- Si meditas un poco, es obvio.
- ¿Obvio?. ¿Es que el odio, por ejemplo, no mueve también el
mundo?.
- Sí. Pero el odio no es más que una palabra, un término relativo que usamos para entendernos.
- ¡No me digas que el odio es una palabra!.
- Verás: ¿Quién siente menos amor por su víctima, el que le roba la
cartera o el que le incendia la casa?.
- Hombre, obviamente, el segundo.
- ¿Y quién siente menos amor por su víctima, el que le incendia la
casa o el que lo asesina?.
- El segundo, está claro.
- Luego, el que incendia la casa siente más amor que el asesino, ¿no?.
Ten en cuenta que estamos sometidos a las leyes naturales y que una de ellas es ésta que hace que todo sea relativo. Por ejemplo, decimos que algo está caliente cuando, a nuestro entender, alcanza determinada temperatura.
A más temperatura estará más caliente y a menos temperatura, estarámenos caliente pero siempre estará caliente. El frío, en realidad, no existe.
Lo que pasa es que, para entendernos, por debajo de determinadas cuotas de calor, decimos que algo está frío. Pues lo mismo ocurre con el amor:
Siempre hay amor, pero hay más o menos y a determinadas cuotas les llamamos propiamente amor y a otras inferiores las llamamos como nos parece conveniente: Indiferencia, incompatibilidad, aversión, odio, etc.
¿Conoces alguna virtud que no contenga amor?.
- ¿Qué quieres decir?.
- Que lo que llamamos virtudes son las cuotas más elevadas del amor, y lo que llamamos vicios son las cuotas más bajas del amor; pero el amor está siempre presente. ¿Por qué crees tú que Cristo resumió el Decálogo en el sólo mandamiento del amor?.
- Ya lo comprendo.
- Voy a añadirte dos cosas aún que te ayudarán a centrarte mejor en
este escalón.
- ¿Qué cosas?.
- La primera, que el amor, es un sentimiento y no un acto mental.
Pero, para llegar al amor desinteresado es preciso "racionalizarlo". Es decir, una vez comprendido que los demás actúan como lo hacen a causa de sus programaciones automáticas y de que tú haces lo mismo, y una vez decidido a no caer en ello y "agarrar por los cuernos" tu propia vida, debes sentir amor por todo. Y ten en cuenta que he dicho "sentir", porque el amor sólo existe si se siente. Por eso, como todas las emociones, no se puede
describir, pero sí sentir. Todo el mundo ha sentido amor miles de veces, pero no hay nadie que lo haya podido describir de modo aceptable. En esto ves que, al llegar a este escalón, el hombre empieza a actuar como tal y, primero ordena a la mente que aclare el problema y, después, una vez visto claro el asunto, le ordena al cuerpo de deseos que emita vibraciones de amor desinteresado.
- ¿Y la segunda?.
- La segunda, una vez claro todo lo anterior, es el servicio
desinteresado.
- ¿El servicio?.
- Sí. Es la mejor manera de deshacer los programas de los tres
escalones inferiores. Siempre que haces algo para obtener seguridad, placer o autoridad, no haces sino realimentar tus programas inconscientes negativos. En cambio, cuando ayudas a otro sin esperar nada a cambio, ni seguridad, ni placer, ni autoridad, sino simplemente porque está en tu mano hacerlo y lo necesita y porque te nace hacerlo, como consecuencia del amor que sientes por él, te habrás librado de un programa nefasto y habrás comprobado en tus propias carnes aquello de que "el que más da es
el que más recibe", y que el servir y el ayudar sin esperar nada nos
enriquece por dentro y por fuera, y que el mundo cambia de cara, y que hemos estado totalmente equivocados en los tres niveles inferiores.
- Realmente, eso es maravilloso. Pero, ¿de verdad es fácil?.
- Ya te lo he dicho: Es facilísimo. Sólo consiste en tener la valentía
de dar el salto la primera vez. Desde el momento en que logras servir desinteresadamente a alguien, se te abre una perspectiva nueva del universo entero.
- Sí. Es muy hermoso.
- Imagina la diferencia entre el que responde a una ofensa con una
bofetada y el que sonríe por dentro, recuerda que la conducta del otro no es propiamente suya sino de sus programas inconscientes, y que él mismo lo ha hecho así en miles de ocasiones, y lo envuelve en una oleada de amor y de comprensión. ¿Qué te parece?. ¿Cuál de los dos se sentirá mejor?.
- Por supuesto, el segundo.
- ¿Y quién hará pensar más al ofensor y lo pondrá en el camino de
reflexionar y, quizás, de reprogramarse?.
- El segundo, ciertamente.
- Ten en cuenta que todos, sin excepción, buscamos
desesperadamente amor. Y, cuando alguien nos lo brinda sin esperar nada a cambio, lo agradecemos verdaderamente y nos hace felices y termina con nuestra soledad. El amor, aunque no se caiga generalmente en la cuenta, es una energía potentísima. Tan potente que todo lo vence.
- ¿Pero cómo se puede servir a los demás?.
- No se trata de irse a las misiones o de ponerse a lavar ropa en un
asilo. No. Esas actitudes son estupendas, admirables y hasta necesarias, pero extremas. Se puede servir desinteresadamente al prójimo simplemente sonriendo, prodigando una alabanza, recompensando un esfuerzo, dando ánimos, consolando, brindando amistad, enviando mentalmente fuerza o alegría o paz o esperanza o salud, o simplemente cumpliendo fiel y alegremente todas tus obligaciones familiares, laborales, sociales, etc. Hay
mil maneras de servir a los demás Y cualquiera de ellas te dará la felicidad.
Si practicas el servicio por amor, llegará un momento en el que no habrá nada que te pueda hacer descender de este escalón. Y ahí es donde deberíamos estar todos. ¿Recuerdas las Obras de Misericordia?. Pues eso.
- Lo comprendo y me emociona. Si todo el mundo amase así,
cambiaría la Historia.
- Totalmente. Pero para ello hay que empezar. Y, ¿quién piensas tú
que debe empezar?. ¿Los que aún no saben que están siendo víctimas y haciendo víctimas a los demás de sus programas subconscientes o los que ya han caído en la cuenta de que lo que los demás hacen como consecuencia de sus programas, nos molesta tanto porque nuestros propios programas nos hacen sentirnos desgraciados?. No tiene sentido el demorarse y prolongar nuestro dolor y el del mundo.
- Tienes razón.
- Bien. Pasemos al quinto escalón
- Me tienes intrigado. ¿Qué puede haber por encima de lo que me has dicho?.
- Pues lo hay. Es el escalón de la Claridad.
- ¿Qué significa esa claridad?.
- Significa que, cuando se ha habituado uno a centrar, con cierta
facilidad, su conciencia en el cuarto escalón y cuando, por tanto, se ha liberado de gran parte de sus antiguos programas automáticos, es decir, de los prejuicios (porque una actuación automática, por definición, es irracional y, por tanto, anterior al juicio, o sea, pre-juicio), cuando se ha convertido en algo familiar el amor incondicional, se empieza a comprobar que surgen amistades nuevas y fructíferas; que, de modo casi milagroso, se producen los acontecimientos apropiados para enseñarnos a evolucionar
más aún; que nuestra energía es cada día mayor; que no tenemos enemigos ni nada nos amenaza; que el mundo es un paraíso maravillosamente provisto y administrado, del que podemos disfrutar en todo momento; un mundo en el que el bien, la alegría, la felicidad y el amor no se agotan nunca; un mundo en el que nadie está solo, aunque así lo crea; en el que, en todo momento, hay una mano dispuesta a ayudarnos en cuanto lo solicitemos; un mundo en el que todos recibimos sin límite cuando sabemos dar sin límite; un mundo en el que, cuando damos, lo hacemos sin esperar nada a cambio pero también cuando recibimos dejamos de tener la
sensación de que debemos algo. Éste es, en esencia, el quinto escalón.
- Verdaderamente es sublime. Y se llama el mundo de la claridad,
seguramente porque se ve todo claro, ¿no?. ¿Y cuál es el sexto escalón?.
¿En qué consiste?.
- En convertirse en simple espectador de la propia vida y de la de los demás. Es el escalón de la Observación Imparcial.
- ¿Cómo, en espectador?. ¿No hay que hacer nada más?.
- Eso ya es suficiente. Supone ser capaz de salir del propio yo y ver la vida, propia y ajena, como un espectáculo, pero sin juzgar en ningún momento lo que se ve, sin valorar las actuaciones, las palabras, los acontecimientos, sin sentirse implicado en ellos o por ellos, es decir, permaneciendo como flotando sobre el escenario del mundo.
- ¿Y qué se consigue con ello?.
- Bueno. Por un lado, uno debe seguir viviendo en el mundo, donde
encontrará problemas, y ha de desempeñar su papel, y ha de aprender muchas cosas. Por tanto, actuará en los cinco niveles inferiores con más o menos frecuencia, según su propio desarrollo y según lo que haya conseguido reprogramarse. Pero, por otro lado, ese que actúa ya no será él mismo. Él se encontrará como se encuentra realmente el espíritu que somos, al margen de los acontecimientos, es decir, extrayendo las lecciones apropiadas, pero sin identificarse con esa personalidad que está
actuando en la escena del mundo. Ya no le afectan ni los programas
negativos ni los positivos. Está por encima de ellos. Y ve el devenir de la vida como algo interesantísimo y hasta divertido, pero ajeno a él, que se encuentra en un mundo tranquilo, feliz y relajado, mientras su cuerpo y sus emociones y su mente interpretan, como los demás, el papel que los programas subconscientes les están haciendo interpretar.
- Es impresionante. Convertirse en el espectador de uno mismo...
- Sí. Es la manera de prescindir de esos programas que nos dominan, y actuar libremente, conscientemente. Y, sobre todo, aprender las lecciones de la vida: Comprobar a qué conduce un insulto; ver qué consecuencias produce un robo; qué se sigue tras una borrachera; qué se deriva de la cólera, o el orgullo, o el odio, o el amor, o la comprensión, o la amistad, o la compasión, o la crueldad... Así se aprenden relajadamente las lecciones
de la vida, sin el sufrimiento que, de otro modo conllevan si la conciencia se sitúa en los tres primeros niveles. Todo ello le permite a uno, además, darse cuenta de que no es su cuerpo, ni su mente, ni sus deseos, ni sus vicios, ni sus virtudes, sino que es algo muy superior que los maneja a todos y que extrae las lecciones oportunas de su actuación.
- O sea, que uno simplemente observa y toma nota.
- Exacto. Recuerda el ejemplo que te he puesto antes de la avispa que repite hasta la extenuación una serie de movimientos irracionales porque su programa subconsciente está mal hecho, es decir, contiene un error.
¿Qué conclusión piensas tú que estará sacando de todo ello el espíritu grupo de esa especie de avispas?. ¿Qué supones que hará cuando tenga posibilidad de reformar de algún modo ese programa erróneo?.
- Corregirlo, claro.
- Pero para verlo con claridad ha de, digamos, alejarse uno un poco
del escenario donde se desarrollan los acontecimientos. ¿Lo comprendes?.
- Está clarísimo. Y es perfecto.
- Llegamos, pues, así, al séptimo y último escalón.
- ¿Pero qué puede quedar aún?. ¿Cómo llamarías tú al séptimo y
último escalón?.
- Yo lo llamo el escalón de la Unificación.
- ¿Y cómo se funciona en él?.
- Es algo muy elevado, muy difícil de alcanzar, pero que existe y que, por tanto, voy a tratar de describir de la mejor manera que pueda.
- Te escucho.
- Lo primero que ocurre en este nivel, a diferencia de en todos los
anteriores, en los que no has dejado de ser consciente de ti mismo, es que tu conciencia desaparece. No es que tú te identifiques con el otro pero permanecen las dos personalidades, no. En este grado, tu conciencia se funde con la del otro, con la de todos los seres, es decir, dejas de tener conciencia de ti mismo y, en su lugar, tienes la conciencia de todo el universo. Sigues siendo tú, pero no estás diferenciado, sino formando parte de un todo armónico, feliz, hermoso y perfecto. Es, para que lo comprendas mejor, el nivel alcanzado por San Francisco de Asís, que se consideraba uno con el lobo y con el árbol y con el mendigo y con el
Cristo crucificado y con todo lo existente. Es el estado de conciencia de los místicos, tan elevado que no hay palabras que lo puedan describir porque esas palabras aún no se han creado al no haber experiencia suficientemente abundante sobre ello. Es el estado de conciencia del Plano que se denomina del Espíritu de Vida, el plano Crístico.
- Pero este grado lo debe alcanzar muy poca gente, ¿no?.
- Por el momento, y de modo permanente, muy poca. Sólo unos
centenares o unos miles entre toda la humanidad. Pero cada vez se van incorporando más, que van así mejorando el mundo con su ejemplo, sus vibraciones, sus creaciones mentales, su colaboración, en una palabra, con el plan de evolución del mundo. Pero quisiera que te quedases claramente con algo muy importante cuando terminemos este diálogo.
- ¿Con qué?.
- Con que todos esos grados que hemos estudiado, de la ampliación
de conciencia, no suponen, de ninguna manera, departamentos estancos o pisos en los que, una vez llegado, puede uno permanecer en ellos sin el menor esfuerzo.
- ¿Cómo funciona eso, pues?.
- Todos pasamos casi todo el día con nuestra conciencia centrada en los tres primeros niveles. Y sólo muy rara vez la centramos en el cuarto.
Pero, de todos modos, transitamos momentáneamente por varios niveles hasta, quizás, los más elevados.
- ¿Tan atrasados estamos?.
- ¿Es que lo dudas, a la vista de como está el mundo?.
- Realmente, tienes razón.
- Lo que hemos de hacer si queremos evolucionar es, primero,
comprender esto, conocer los mecanismos mediante los cuales
funcionamos y, una vez concienciados de cómo manejarlos, intentar
mejorar con la mejor utilización posible de los mismos. Porque, ¿quién no tiene un pensamiento de temor sobre la estabilidad de su trabajo o sobre su salud o sobre sus bienes?. ¿Quién no cae en la tentación de poner cualquier placer por encima de cosas más importantes y necesarias?. ¿Quién no insiste cada día cien veces en decir a los demás lo que han de hacer, en ofenderse por su actuación, en aconsejar cuando no se le ha pedido consejo, en exigir obediencia de modo inconveniente, en criticar a alguien,
en perjudicar a alguien que, de algún modo, nos hace sombra en algún aspecto, en tergiversar más o menos intencionadamente las palabras o hechos de alguien, etc. etc.?.
- Es cierto.
- Pues, en esos momentos, no cabe duda, como te he dicho, de que
tenemos centrada la conciencia en uno de los tres primeros niveles. Y sólo es a fuerza de observarnos y de repetirnos que no queremos ser esclavos de nuestros programas automáticos y subconscientes, como podemos ir suprimiéndolos y convertirnos en los verdaderos directores de nuestra vida y, como consecuencia, inmunes a lo que tanto preocupa a todos los demás y, por tanto, felices.
- Esto de los grados de conciencia es importante. De veras.
- En el fondo no es más que ir enfocándola en los distintos mundos.
- ¿Mundos?.
- Sí. Mundos o Planos o como quieras llamarlos.
- ¿Me puedes explicar eso?.
- Sí. Cuando te encuentras centrado en los tres primeros niveles estás, realmente, en lo que las religiones llaman el infierno y el purgatorio, lugares en los que no es posible ser feliz. Cuando llegas a centrarte en el cuarto, has alcanzado lo que se llama el Primer Cielo. Aún hay emoción, pero ya bajo el mando de la razón. En el quinto peldaño tenemos realmente la conciencia en la Región del Pensamiento Concreto, el mundo de los
arquetipos, el Segundo Cielo, donde ya no hay emoción. Todo fluye y es perfecto y provee por nosotros de un modo armónico y natural. En el sexto escalón alcanzamos la Región del Pensamiento Abstracto, el primer plano espiritual o Tercer Cielo, donde se encuentra el Tercer Aspecto de nuestro Espíritu, nuestro Ego o nuestro Yo Superior, como quieras llamarlo. Y, desde él vemos, como espectadores, el juego de la vida. Y, al llegar al
séptimo, hemos alcanzado el mundo de la unión, el plano de la realidad, ya que todos los inferiores, como dicen todas las religiones, son sólo "mundos de ficción", consecuencia de interpretaciones de símbolos, de creaciones mentales, etc. Pero en este plano y a partir de él ya no hay creaciones ni
interpretaciones, no hay sentimiento de separatividad y en él conviven la propia conciencia y la conciencia cósmica siendo, a la vez, una sola. Es el llamado Mundo del Espíritu de Vida, donde está situado el Segundo Aspecto de nuestro Ego o Yo Superior.
- ¿Y dónde está situado el Primer Aspecto de nuestro Ego?.
- Está en el siguiente plano, en el Mundo del Espíritu Divino. Pero a
él no nos es posible llegar aún. Llegaremos cuando la evolución lo
permita, pero ahora nos tenemos que conformar con saber que existe y que un día lo alcanzaremos.
- Puedo asegurarte que esta conversación ha sido de las cosas más
interesantes y provechosas de mi vida.
- Espero que así sea. Dependerá sólo de ti.

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