lunes, 10 de marzo de 2014

EL SISTEMA DE LA EVOLUCIÓN HUMANA



EL SISTEMA DE LA EVOLUCIÓN HUMANA
Francisco-Manuel Nácher

Ni que decir tiene que han sido las ideas, todas ellas surgidas del
Plan Divino previsto para nuestra evolución, las que han controlado y movido al hombre en cualquier época. Pero ha habido dos maneras de dar a conocer esas ideas maestras y conductoras de la evolución:

A.- Según el primer sistema, han sido, digamos, obsequiadas, por
individuos especialmente desarrollados y, por tanto, especialmente
intuitivos, a su generación respectiva. El proceso seguido ha sido el
siguiente:

1.- Ellos intuyen la idea divina, necesaria para el Plan
evolutivo, y le dan forma.

2.- Luego, los hombres más evolucionados de esa raza o
pueblo o civilización, siempre una minoría, captan esa idea, la hacen propia y fomentan su crecimiento y diseminación.

3.- A continuación, la mayoría, guiada por el reconocimiento
interno de su acierto, acaba deseando su realización. Y, por fin,

4.- La idea se manifiesta en el mundo físico.

Siguiendo ese sistema nos han condicionado desde su aparición las
ideas de Sócrates, Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Kant,
Rousseau, Marx y tantos otros, bien por seguirlas, bien por combatirlas.

B.- El segundo sistema ha consistido en evocar el deseo de las
masas de lo que consideraban conveniente para una mejor expresión de la vida, y personificar ese deseo en una vida ejemplar. Es el sistema empleado por todos los creadores de religiones y, especialmente, por el propio Cristo. Y también Su vida y Sus palabras y Sus ejemplos han condicionado la evolución de la Humanidad, bien por seguirlas, bien por combatirlas.

El primer sistema fue, y sigue siendo, estrictamente mental. Son
una minoría los que conocen las ideas de Sócrates, de Platón, de
Aristóteles, de Tomás de Aquino, de Rousseau o de Marx, pero no cabe duda de que las mentes de las masas posteriores a ellos, y que no saben casi nada de ellos, han sido moldeadas por sus ideas.

El segundo sistema, por su parte, es más bien emocional e influye
más fácilmente en la conciencia de las masas. De ahí la respuesta masiva a la vida, al mensaje de Amor de Cristo y a Su Pasión.
Así, por esta doble vía, el Plan Divino ha ido satisfaciendo las
necesidades, tanto intelectuales de las minorías, como emocionales de las mayorías, a lo largo de todas las épocas. En ambos casos se logró una conciencia humano-divina. Y en ambos casos, un individuo que conocía, sentía y estaba sintonizado con el Mundo del Pensamiento, con el orden mundial interno y con el Plan de Dios, hacía brotar por medio de la masa seguidora de sus ideas, una energía, mental o emocional, proveniente de los estratos internos de la propia Deidad en manifestación.

Como esta etapa de la evolución nos conduce al predominio del
intelecto sobre la emoción, las consecuencias de la aparición y
funcionamiento de esa fuerza de la conciencia divina a través de los
hombres - no olvidemos que somos centros de conciencia de Dios y que somos seres creadores - han consistido, por una parte, en el cada vez mayor atractivo de las escuelas de pensamiento y, por otra, en la cada vez menor capacidad de captación de las iglesias ortodoxas tradicionales.

En nuestros días, estamos asistiendo, sin embargo, a un cambio de
sistema para la evolución de la Humanidad, que se basa en una realidad que ya todos percibimos: la existencia de un grupo, cada vez más numeroso de personas, que han logrado cierto acercamiento, tanto mental como espiritual, a la Verdad, y que han hecho un contacto suficiente con su Yo Superior, lo cual les ha permitido dar un salto cualitativo y pasar de la labor individual a la labor de grupo y de la conciencia individual a la conciencia de grupo.

Y ya todos sabemos y aceptamos que el mar es patrimonio común,
como los ríos y el aire, y que el agujero de ozono nos amenaza a todos, y que no es correcto maltratar a los niños o al cónyuge o al semejante, y que los derechos humanos son cuestión de todos y que las necesidades de uno son de todos y todos debemos hacer algo por mitigarlas, etc…

Insensiblemente, pues, nos vamos concienciando grupalmente de las verdades que antes aceptábamos individualmente. Porque sólo en grupo podemos ser sensibles a las ideas del Plan Divino que procede traer ahora a la manifestación, y desarrollar ideales comunes, y técnicas y métodos de enseñanza y de organización y de vida. Y sólo en grupo podemos dar a conocer esos hallazgos para que las escuelas de  pensamiento y las religiones se fusionen y den lugar al nacimiento de la nueva civilización.

Porque, lo que antes era labor de uno y de sus seguidores, y que
consistía en elevar la conciencia de la Humanidad hacia el espíritu,
ahora es labor grupal y consiste en hacer descender el Espíritu porque, no lo olvidemos, el Espíritu tiene conciencia grupal y no es
individualmente consciente. Y las nuevas ideas que la Humanidad
necesita sólo pueden ser captadas como resultado de un esfuerzo grupal.
Y ya hay muchos que poseen una visión amplia, que presienten el Plan Divino, que tienen sueños que pueden y desean compartir y desarrollar en grupo. Empiezan reconociéndose recíprocamente como espíritus, descubren que tienen una comprensión común de las cosas y pueden evocar internamente la luz del intelecto y del conocimiento y de la intuición y de la comprensión. Y esa luz no les viene de fuera como antes, sino de dentro. De dentro pero en común, como consecuencia de la unificación grupal.
Ésa es la labor de nuestros tiempos, la de los grupos, especialmente
de los que tratan de desarrollar paralelamente ambas polaridades, la
intelectual y la emocional, y pueden, por tanto, explicar la religión de modo racional y comprensible a los científicos, sin necesidad de
apoyarse en la fe, a la vez que pueden ayudar a los religiosos a razonar sus creencias y a saberse y sentirse plenamente responsables de sus actos y de las consecuencias de los mismos, y conocer el por qué.

Pero esa labor que, como he dicho, es grupal, exige una conciencia
grupal, es decir, una identificación de ideas, de sentimientos y de metas.

Y, sobre todo, de ilusiones. Es, verdaderamente una labor ilusionante, apasionante, única. Pero también implica gran esfuerzo y mucha responsabilidad.

No cabe duda de que, si estamos formando parte de este grupo es
porque lo hemos merecido y se confía en nosotros para desarrollar esta labor. ¿Cabe mayor honor que colaborar conscientemente en el Plan Divino?

Se impone, pues, dedicarnos en cuerpo y alma a esta tarea, quizás
única en toda nuestra evolución y, limando asperezas y diferencias de criterio, saber elevarnos al nivel de los Espíritus Virginales que todos somos, nivel en el que no existen las diferencias y en el que,
lógicamente, las de aquí pierden toda su importancia.

Fijémonos en todo lo que nos une, que es mucho e importante, y
caminemos, unidos, al encuentro de nuestra ilusionante tarea, única
manera de lograr que desaparezcan las distorsiones en una vibración que debería ser única y lo más elevada y pura posible.

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