viernes, 20 de marzo de 2015

La Observación

                                LA OBSERVACIÓN
por Francisco-Manuel Nácher López
 
            Max Heindel nos recomienda la observación como uno de los instrumentos para alcanzar  la  vida  superior,  junto  con  la  concentración,  la  meditación,  la  oración,  la contemplación y la adoración.
            Pero  no  insiste,  no  profundiza  en  ese  tema.  Llama  nuestra  atención  sobre  el hecho  de  que  tenemos  ojos  pero  no  observamos.  Y  nos  pone  el  ejemplo  de  nuestra
camisa, cuyo número de botones somos casi todos incapaces de decir, a pesar de haberla abrochado por la mañana.
            Sin embargo, sabiendo que se trata de un instrumento  importante para nuestra evolución, vale la pena profundizar un poco en esa función de nuestra vida. Para ello, 
vamos  a  recordar  unas  cuantas  cosas  que  luego  nos  vendrán  bien  para  aplicarlas oportunamente:
            1ª.-  “Como  arriba  es  abajo  y  como  bajo  es  arriba”.  Axioma  oculto,  Ley  de Analogía, que nos dice que los procesos en toda la Creación son siempre los mismos, cambiando sólo el nivel en que se producen y, por tanto, el tamaño o la espiritualidad de sus protagonistas. Es decir, que lo mismo que funciona un átomo, funciona un sistema planetario  y  una  galaxia  y  un  grupo  de  galaxias,  etc.  Y  lo  mismo  que  funcionamos nosotros,. funciona una célula y funciona el Dios creador del sistema planetario y todos los creadores por encima de Él.
            2ª.-  “Si  Dios  dejase,  sólo  un  instante,  de  estar  atento  a  Su  Creación,  ésta  se desintegraría.” Dios, pues, no sólo está compenetrando Su creación, dándole vida, Su vida, a cada átomo y a cada molécula y a cada criatura, sino que permanece concentrado 
sobre ella y ésta existirá mientas dure esa concentración.
            3ª.- “Todo está polarizado”. Y eso quiere decir que estamos oscilando entre los extremos, tanto a nivel físico (lo sano y lo dañino), como a nivel etérico (el exceso y el defecto), de deseos (lo positivo y lo negativo)o mental (lo verdadero y lo falso). Y de esas oscilaciones extraemos experiencia que nos hace evolucionar como espíritus.
            4ª.- “Los Hermanos Mayores han logrado equilibrar sus polaridades”. Se han convertido  en  andróginos;  pueden  crearse  un  cuerpo  y  habitarlo  durante  siglos;  están libres del karma y no lo crean nuevo; pueden curar instantáneamente,  tanto el cuerpo físico como los vehículos superiores; permanecen en la Luz; su carácter no experimenta altibajos;  conocen todo lo que los demás hemos de aprender hasta el fin del Período de Vulcano.
 5ª.- “El Sendero es tan estrecho como el filo de una navaja de afeitar”.
 
* * *

Con  estas  premisas,  aceptadas  por  todos,  vamos  a  pensar  un  poco,  en  forma dialogada,  lo  que  nos  permitirá  practicar  al  mismo  tiempo.  Imaginemos,  pues,  dos amigos que pretenden profundizar en este tema de la observación:
            - Concéntrate sobre algo, por ejemplo, un bolígrafo. ¿Qué ocurre en ti?
            - Ocurre que, automáticamente, veo en mi pizarra mental un bolígrafo. 
            - ¿Nada más?

            - Que desaparece todo lo demás.

            - ¿Qué quieres decir con eso de que “desaparece todo lo demás”?
            - Que, mientras  estoy concentrado en el bolígrafo, no pienso en nada más, no puedo pensar en nada más. O pienso en él o pienso en otra cosa, pero en dos a la vez, me es imposible. 
            - ¿Y no hay muchos pensamientos que quieren aparecer en tu mente?

            - Sí, claro. Muchos. Pero mientras estoy concentrado en el bolígrafo, no pueden aparecer a la luz. Yo los percibo cómo se aproximan, pero los rechazo. 
            - O sea, que tú no “ves” más que el bolígrafo. Para ti no existe nada más.

            - Podría decirse así: no existe nada más. 
            - ¿Ni pasado ni futuro?

            - Ni pasado ni futuro. Nada. 
            -  De  acuerdo.  Eso  demuestra  que  es  posible  concentrarse  sobre  algo  con exclusividad, ¿no? 
            - Desde luego.

            -  Bien.  Ahora  deja  de  concentrarte.  Sigue  viendo  en  tu  ventana  mental  el bolígrafo,  pero  no  te  esfuerces  por  verlo  sólo  a  él.  Y  dime  qué  pasa.  Te  dejo  un momento en libertad. Y luego relátame qué ha pasado. 
            -  De  acuerdo.  -  un  momento  después  -  Pues  ha  pasado  que,  enseguida  he pensado en el primer bolígrafo que vi.

            - ¿Y qué más?

            - Luego mi pensamiento ha saltado a la persona que me lo enseñó, un tío mío. 
Luego  he  recordado  que  murió  hace  unos  años.  Y  luego,  que  también  mi  padre  ha muerto el año pasado. Y de ahí he pasado a recordar a mi padre leyendo, porque él leía mucho. A continuación he recordado que aún no he empezado a leer un libro que me compré anteayer, recomendado por un amigo. Y he pensado que el culpable ha sido un vecino, que no me cae muy bien, y que ayer vino inesperadamente a casa y me impidió hacerlo.  Y  luego  he  pensado  que  esta  tarde  lo  empezaré  y,  si  me  gusta,  se  lo recomendaré a mi mujer y,  si es todo lo bueno que me han dicho, lo regalaré a algún  pariente  para  Reyes.  Luego  he  pensado  que  me  gustaría  que  para  entonces  me regalaran… 
            - Vale, vale, vale. Ahora dime: ¿Todas esas cosas, las has querido pensar tú o te han  venido  solas,  espontáneamente,  como  salen  las  cerezas  de  un cesto,  enganchadas unas en otras?

            -  Exactamente  como  las  cerezas.  Apenas  he  dejado  de  concentrarme  en  el bolígrafo, han aparecido todos esos pensamientos sin el menor esfuerzo. 
            - O sea, que tú no los has buscado ni procurado. 
            - No, en absoluto.

            -  ¿Y  te  han  producido  alguna  emoción  o  algún  deseo  o  algún  sentimiento  o, quizás, algún razonamiento?

            - Sí, por supuesto. Vamos a ver: el recuerdo del primer bolígrafo que vi me ha hecho revivir la curiosidad que me embargó al ver que una bolita escribía y que la tinta se  secaba  enseguida.  El  recuerdo  de  mi  tío  ha  despertado  un  sentimiento  de  tristeza, porque murió en un accidente de tráfico, de modo súbito y sin culpa suya. La muerte de mi padre ha despertado en mí una gran emoción.  Al verlo leyendo,  he sentido cariño. Luego, al pensar en el libro, he visto fugazmente al amigo que me lo recomendó y he sentido simpatía. Y luego, me he sentido mal al recordar que no lo he empezado a leer. Y cierta antipatía por el vecino inoportuno. Y me he propuesto leerlo esta tarde. Y he sentido satisfacción al pensar en recomendárselo a mi mujer y…. 
            - Con eso me basta. Como ves, esos pensamientos que tú no habías buscado, te han producido emociones, sentimientos, deseos, propósitos, etc. ¿no?

            - Si, ciertamente.

            - ¿Y tú crees que esos sentimientos, emociones, deseos y propósitos producirán consecuencias en tu vida?

            - Hombre… espera que piense. Yo creo que sí.

            - ¿En qué sentido?

            - En muchos.

            - ¿Por ejemplo? 
            - Por ejemplo:  he  incrementado  mi  simpatía  por mi  tío;  mi  compasión  por su muerte tan triste; mi cariño por mi padre; mi inquietud por no haber empezado a leer el libro; mi antipatía  por el vecino inoportuno; mi  propósito  de dárselo  a mi  mujer para que lo lea; y de regalarlo a otros; y mi deseo de que llegue el día de Reyes para recibir mi regalo… 
            -  O  sea  que,  todos  esos  pensamientos  que  tú  no  has  buscado,  te  han condicionado  y  te  han  hecho  sentir  varias  cosas  que  no  pretendías  y  hasta  adoptar decisiones que afectan a tu futuro, ¿no?

            - Si, así es. 
            -  Y  eso  que  te  ha  ocurrido,  apenas  has  dejado  de  estar  concentrado  en  el bolígrafo, ¿te sucede frecuentemente? 
            - ¿Frecuentemente? Me sucede todo el día. Porque mi cabeza está continuamente recordando y pensando y sintiendo y proyectando.

            - ¿Y siempre sin buscarlo tú?

            - Pues, la mayor parte de las veces, he de reconocer que sí. 
            - ¿Y cuándo no te ocurre eso? 
            - Cuando me concentro sobre algo concreto, como  he  hecho  con el bolígrafo. Sólo entonces. Pero eso me sucede muy pocas veces. 
            -  ¿Quieres  decir  que  la  mayor  parte  de  tu  vida  la  vives  en  función  de  esos pensamientos y sentimientos y emociones y propósitos que tú no buscas ni pretendes? 

            - Aunque parezca una tontería, sí. He de reconocer que sí. 
            - ¿Podría decirse, pues, que tu vida la dirigen el pasado y el futuro o, dicho de otro modo, que vives en el pasado y en el futuro y no en el presente?

            -  Bien  mirado,  sí.  Porque  todos  esos  pensamientos  se  refieren  al  pasado  o  al futuro. Y me llevan del pasado al futuro. Y me hacen sentir emociones que sentí ya y emociones que espero sentir más adelante. Y me hacen adoptar decisiones en función de lo pasado.

            - Pero son decisiones conscientes? 
            - Yo no diría tanto: son decisiones que me vienen como servidas en bandeja por esos pensamientos  espontáneos que yo  no deseaba ni buscaba. No, yo  no las llamaría decisiones conscientes, sino decisiones más bien inconscientes o subconscientes. 
            - Pero, si te basas siempre en tus recuerdos y en tus emociones y deseos antiguos y en  los propósitos  de ellos derivados, ¿cuándo  examinas  las circunstancias  presentes para conocer la realidad actual?

            - Honradamente, casi nunca. Casi nunca, sí. 
            -  ¿Lo  cual  quiere  decir  que  la  vida  se  te  pasa  repitiendo  cosas  pasadas  o actuando en base a cosas y sentimientos y deseos que ya has vivido?
            - Pues sí, así es. 
            - ¿Te imaginas cómo sería tu vida si toda ella estuvieras  concentrado sobre el momento presente, como lo has estado sobre el bolígrafo? 
            - ¿Pero eso sería posible?

            - ¿No es posible concentrarse sobre el bolígrafo?
            - Sí, claro. Pero toda la vida concentrados…
            - ¿Dónde está el problema?

            - En que eso me exigiría un gran esfuerzo mental. 
            - ¿Y qué?

            - Nada.

            -  ¿Quieres,  por  un  momento,  imaginar  cómo  sería  tu  vida  si  estuvieras permanentemente concentrado en lo que haces y en lo que ves y en lo que dices y en lo que  piensas  y  sientes?  Hazlo  y  dime  después  si  se  parecería  mucho  a  la  que  me  has descrito.

            - Desde luego que no. Sería completamente distinta.

            - ¿Por qué?

            -  Porque  las  cosas  las  decidiría  yo  conscientemente  y  las  emociones  y  los sentimientos  los  provocaría  o  los  rechazaría  yo  conscientemente  y  sólo  me  vería afectado por lo que yo quisiera y…

            - ¿Podría decirse que ésa sería realmente “tu vida”?

            - Exactamente., Es que, si se mira bien, lo que estoy viviendo no es mi vida.

            - ¿Qué es, pues?

            - Es la vida que ya he vivido. Porque vuelvo a sentir las mismas cosas y a actuar en consecuencia. Luego, estoy reviviendo siempre las mismas situaciones, los mismos sentimientos,  las  mismas  emociones,  los  mismos  pensamientos,  los  mismos  actos…siempre lo mismo. ¡Es espeluznante!

            -  Y,  si  sabes  que  toda  energía  puesta  en  funcionamiento  produce  un  efecto, cuyas  consecuencias  revertirán  sobre  ti,  en  un  momento  u  otro,  ¿qué  consecuencia sacas?

            - ¿Y por qué piensas tú que resulta tan difícil vivir concentrado en lo presente? 
            - No lo sé. No se me ocurre.

            - Tú conoces las Enseñanzas de la Filosofía Rosacruz. Por tanto, sabes cuáles son los tres objetivos principales de la vida, ¿no? 
            - Sí, eso lo sé: la espiritualización del carácter, el desarrollo de la voluntad y el crecimiento de la mente… ¡Ahora lo veo! 
            - ¿Qué ves? 
            - Que la observación desarrolla, a la vez, la voluntad y la mente. Y por eso nos resultan tan difíciles la concentración y la observación de ella derivada. 
            - ¿Entonces? 
            -  Que  comprendo  por  qué  Max  Heindel  recomienda  la  concentración  y la observación. Porque la mente es el último vehículo que hemos adquirido y,  por tanto, aún no lo manejamos bien y nos da más pereza hacerlo funcionar. Y nos resulta más fácil sentir que pensar, porque el cuerpo de deseos lo tenemos muchos millones de años más y nos es más familiar su manejo. Y por eso las matemáticas nos resultan difíciles, porque se encuentran en  el mundo del  pensamiento  y necesitamos  usar  la mente  para comprenderlas. ¡Está todo tan claro!

            - ¿Cómo concibes tú que los Hermanos Mayores no creen nuevo karma cuando  piensan, sientes, hablan o actúan?

            - Pues no se me ocurre… Espera…¡Claro! Porque viven sólo en el presente y no están condicionados por su pasado, cuyo karma ya fueron pagando hasta que se agotó y, al no crear nuevo karma… 
            - Perfecto.

            -  Pero,  estoy  pensando,  ¿eso  no  se  da  de  bofetadas  con  la  retrospección  que
recomienda la Filosofía Rosacruz hacer cada noche antes de dormirse?

            - Al contrario. Fíjate: si cada noche, antes de dormirte, repasas el día y borras el karma producido CONSCIENTEMENTE,  no dejas de vivir en el presente. Lo mismo que si piensas en cualquier cosa del pasado y lo haces concentrada y conscientemente. Tú mismo me has dicho que, cuando estás concentrado, no puedes pensar o sentir más que  lo  que  tú  quieres,  ¿no?  Entonces,  aunque  pienses  en  algo  del  pasado,  porque  tú quieras pensarlo, sólo sentirás lo que tú quieras y no lo que ese recuerdo le sugiera a tu subconsciente.

            - Ahora lo comprendo. Y es verdad. 
            - Volviendo al ejemplo de Max Heindel. ¿tú crees que si esta mañana, cuando te has puesto la camisa, lo hubieras hecho concentrado en lo que hacías, verdaderamente concentrado, no recordarías ahora cuántos botones habías abrochado?
            - Seguro que sí, claro.

            -  Bien,  entonces,  ¿qué  crees  que  Max  Heindel  quería  decir  al  afirmar    que miramos  sin ver?

            - Pues eso: que vivimos sin saberlo, sin ser dueños de nuestros pensamientos ni de nuestros deseos ni de nuestros actos. ¡Parece mentira pero es así!

            - ¿Y qué habrá que hacer para vivir de verdad la vida de cada día? 
            - Sencillamente, intentar vivirla siendo conscientes en cada momento, de lo que estamos  haciendo.  Porque  sólo  así  podemos  ejercitar  la  epigénesis,  que  es  uno  de nuestros instrumentos, el que nos permite crear, poner en funcionamiento causas nuevas y no repetir siempre las mismas cadenas de causas y efectos, que sólo nos hacen revivir lo ya vivido y recrear el karma ya creado. 
            - Pues, ahora que lo sabes, trata de ponerlo en práctica porque, como todo, hay que practicarlo. Un día, un minuto, al siguiente, dos, luego cinco, después, media hora. Y así. La mente se irá acostumbrando y tú te sentirás cada día más dueño de tu vida, al margen  del  pasado,  que  ya  pasó  y  creándote  un  futuro  a  tu  medida  con  plena consciencia y plena responsabilidad.

Boletín Rosacruz , Nº 39 AÑO 2.001 - SEGUNDO TRIMESTRE 
(Abril - Junio) Fraternidad Rosacruz Max Heindel de Madrid

 
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