martes, 10 de marzo de 2015

Pensamientos - Simiente (Julio-Setiembre/2000)



Pensamientos - Simiente (Julio-Setiembre/2000)
por Francisco-Manuel Nácher

*  Es  curioso  observar  que,  cuando  varias  personas  colaboran  en  algo,  aunque tengan un objetivo común, cada uno tiene un concepto distinto de la meta, y cada uno ignora lo que los demás esperan, y cada uno aprovecha de los demás las lecciones, los esfuerzos, los sacrificios, para lograr el fin común, que cada cual ve, inevitablemente, como un fin particular. En el fondo, eso es la convivencia.
 
            * Con la  verdad  ocurre  como  con  el  sol:  hay quien lo aprovecha íntegro, hay quien ni le presta atención y hay quien se esconde para no recibir su luz ni su calor. Pero el sol, como  la  verdad, están  ahí, a la  disposición  de todos y resplandecen  igual para todos.
 
            * Lo que nos hace avanzar, ser más perfectos, más “humanos”, es someter los deseos  al  discernimiento  y  aprender  a  renunciar  a  goces  de  hoy,  a  cambio  de  otros mayores  y  más  duraderos  de  mañana.  La  publicidad  busca  lo  contrario:  crearnos necesidades inexistentes y, por tanto, goces momentáneos hoy, haciéndonos renunciar al esfuerzo que supone prescindir de ellos para obtener más tarde algo mejor.
 
            * Napoleón opinaba que “la música es el menos molesto de los ruidos”, lo cual no descalificaba a la música, sino a sí mismo, porque que demostraba que el emperador no había desarrollado ninguna sensibilidad musical. El músico, pues, no tenía más que dos  opciones:  o  componer  ruidos,  con  lo  cual  Napoleón  oiría  ruidos  y  las  personas sensibles  a  la  música,  también,  pero  con  desagrado;  o  componer  música,  con  lo  que Napoleón seguiría oyendo ruidos, pero los sensibles oirían música y la disfrutarían. Por eso, como hay tantos niveles de sensibilidad como hombres, todo creador debe hacer su obra lo más  perfecta posible,  con lo cual todos se sentirán  satisfechos, cada  uno a su nivel. Pues sólo las obras que llegan a todos son las que acaban siendo clásicas.
 
            * Un buen hábito discurre ya,  por inercia, por el buen camino, con el mínimo esfuerzo. Vale, pues, la pena, siempre, esforzarse por adquirirlo.


Boletín Nº 36 AÑO 2.000 - TERCER TRIMESTRE 
(Julio-Setiembre) FRATERNIDAD ROSACRUZ  MAX HEINDEL (MADRID) 


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