jueves, 23 de abril de 2015

La Obra Operística de Richard Wargner


LA OBRA OPERÍSTICA DE RICHARD WAGNER
 por Francisco-Manuel Nácher 

    1.- La naturaleza es armonía. Las formas, los colores y los sonidos se compenetran, se compensan, se traducen, se comunican… y todos juntos producen un mundo maravilloso que no vemos porque no sabemos mirar. Y eso es lo que primero hemos de aprender a hacer. 

  2.- Hay tres manifestaciones artísticas fundamentales: La escultura, la pintura y la música.
         La Escultura se ocupa de la forma y pertenece al mundo físico. Sus obras son duraderas.
            La pintura es más sutil. Recoge los colores y sus tonos. Sólo tiene dos dimensiones. La tercera la ha de poner el observador. Es un arte del mundo del deseo y expresa las emociones. Es menos duradera que la escultura, ya que no pertenece a este mundo, sino al inmediatamente superior. 
          La música es el arte de los sonidos, de los ritmos. Es propio del mundo del pensamiento, el inmediatamente superior al mundo del deseo, el hogar de nuestro espíritu. Por eso su manifestación artística es la que más hondo nos llega y más nos puede influir y, de hecho, nos influye. No es duradera porque pertenece a un plano muy lejano. Pero no debemos olvidar que la creación empezó con el Verbo, la Palabra, el sonido. Y que el Verbo mantiene el cosmos entero y ostenta un poder creador que no poseen las demás artes. De ahí la gran importancia de la música en nuestra evolución y, por tanto, la necesidad de escuchar música, pero también la de seleccionarla bien porque, como creadora que es, puede elevarnos, hacernos evolucionar, o sea, “construirnos”, o puede destrozarnos y hacernos retroceder.

    3.- Un mito no es una narración más o menos antigua, de origen desconocido y sin ningún sentido. Es una narración antiquísima, con una finalidad formativa. Es un estuche precioso n el que los conductores de la Humanidad han guardado una serie de verdades cósmicas para que el hombre las vaya descubriendo a medida que empieza a buscar un sentido a la vida y levanta la tapa del cofre.

    4.- La obra de Wagner está toda ella basada en mitos, Es, por tanto, una obra, toda ella, cósmica y, por ello, religiosa y, por eso, no popular, no apreciada en demasía en nuestros tiempos, tan proclives a “creer lo que ven”. Sin embargo, la música de Wagner es la música de la Era Acuaria, la música del futuro. La que se utilizará en las Escuelas de Misterios del próximo futuro, porque no hace sino trasladar a este plano lo que ocurre en las Escuelas de Misterios que ahora se encuentran y funcionan en el plano etérico. 
    Wagner era un Iniciado Musical, cuyo objeto en la vida fue, pues, traer esos conocimientos, esas verdades y esa música superior. Muchos de sus pasajes son verdaderas transcripciones de la música que se escucha verdaderamente “en las alturas”. 
    Su obra abarca todo el recorrido del alma que busca. A este respecto, Corinne Heline aconseja:
    “Un aspirante que esté trabajando la etapa inicial de Purificación, se verá ayudado muy considerablemente por la música de Tannhauser.
   Para alcanzar la segunda etapa, que produce el desarrollo consciente de la memoria nocturna, está la música de Lohengrin.       El siguiente grado de los Misterios corresponde al matrimonio místico, cuya significación espiritual es Tristán e Isolda.
    El trabajo más elevado, el propio de un Iniciado Consciente del Templo, lo expone Parsifal
    La íntima relación entre estas dos últimas obras la expresa el propio Wagner al decir que Parsifal es la reencarnación de Tristán y que vino a la Tierra habiendo alcanzado tal nivel evolutivo que conquistó el privilegio de regresar como maestro de la Humanidad.       El Holandés Errante define y clarifica las diferencias entre la Magia Blanca y la Magia Negra.
  Los Maestros Cantores de Nurenberg describe las Escuelas Musicales de Iniciación de la Edad Media, lo que convierte esta obra en una especie de preludio de Tannhauser., ya que expone algunos de los métodos de entrenamiento usados en aquellas Escuelas, y ciertos procesos relacionados con el desenvolvimiento espiritual.
   El Anillo del Nibelungo - que comprende El Oro del Rin, La Walkiria, Sigfrido y El Ocaso de los Dioses - es un vasto caleidoscopio que abarca el pasado, el presente y el futuro de la Humanidad. El empleo erróneo, tanto de los poderes materiales como de los espirituales por el hombre se expone en estas obras. Y sus consecuencias, reflejadas en la última: El Ocaso de los Dioses.     Pero también la obra de Wagner, como hemos dicho, contiene los medios para el retorno a la Gracia y la Armonía iniciales. Y ese Sendero es el que articulan Tannhauser, Lohengrin, Tristán e Isolda y Parsifal”. 

    5.- Wagner que, además de músico irrepetible, fue gran poeta, gran filósofo y gran ocultista, creó un teatro para la representación de su obra y que pretendió fuese un Templo musical, el centro de una Escuela de Iniciación. Lo situó en Bayreuth, en Alemania, en un paraje solitario y paradisíaco donde, cada año, aún se celebran los conocidos festivales de tal nombre, con representaciones de sus obras, especialmente de Parsifal, que él prohibió explícitamente que se representase fuera de allí. Su exigencia a este respecto no se ha cumplido, claro. Sin embargo, cuando esta obra se representa, todos los asistentes se sienten profundamente impresionados y, aunque no conozcan nada de ocultismo, son conscientes de que están viviendo algo que los supera y los influye y los eleva.
    Para que las vibraciones de la música pudiesen perdurar en los planos etéricos, influyendo positivamente sobre todos los presentes, Wagner, que era, por lo menos, clarividente etérico, prohibió terminantemente los aplausos, que destrozan dichas vibraciones y las anulan. 
   Cuando murió, estaba trabajando en la organización del plan de estudios de su Escuela Iniciática. En él preveía un aprendizaje e seis años: El primero dedicado a recibir una preparación general. El segundo para componer cada alumno sus propias obras y encontrar su propio modo de servir. El tercero se dedicaría al estudio de El Holandés Errante, Tannhauser y Lohengrin. El cuarto hacía lo propio con Tristán e Isolda y Los Maestros Cantores de Nurenberg. El quinto año estaba reservado al estudio de El Anillo de los Nibelungos. Y el sexto, al de Parsifal, que expone el sendero para la obtención de la Iluminación espiritual o Iniciación.

    6.- Wagner contó que, desde el momento que oyó una sinfonía de Beethoven… él fue músico. Asegura que la música de Beethoven le hacía ver místicas constelaciones y fantásticas figuras. Y sigue: “Apenas se escucha una sinfonía de Beethoven - que, como sabemos, fue otro gran Iniciado Musical, - el mundo fenomenal desaparece, pues en su música están escritos los símbolos eternos de un mundo nuevo y diferente.” 

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