jueves, 17 de noviembre de 2011

CADA PIEDRA...


CADA PIEDRA...
por Francisco-Manuel Nácher

Cada piedra de un edificio sostiene a todas las demás. Y, si alguna de ellas, por su mala calidad, pierde su dureza, todas cambian instantáneamente su relación de fuerzas con cada una de las otras. Y, aunque, según su posición - arriba o abajo, en la cornisa o en los cimientos – el cambio amenazará más o menos la solidez de todo el edificio, no cabe duda de que todo él lo sentirá y, en alguna proporción, lo acusará.

Cada acto de nuestra vida es una piedra en el edificio de nuestra existencia y está en estrecha relación con todos nuestros otros actos, como nuestros que son. Y, según su importancia o profundidad, afecta más o menos, pero inevitablemente, al resultado final de nuestro proyecto de vida.

En un plano más elevado, cada uno de nosotros somos una piedra en el edificio que la humanidad está construyendo. Y, si fallamos, si no demostramos las calidades que de nosotros se esperaban, toda esa maravillosa catedral, proyectada por el Gran Arquitecto, se resiente también de modo inevitable.

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