martes, 8 de noviembre de 2011

EL POZO


EL POZO
por Francisco-Manuel Nácher


La evolución, en cuanto esfuerzo, es como salir de un pozo trepando
por una escala de cuerda. Si miramos a nuestro nivel, puede que hasta lo
encontremos soportable o incluso agradable. Pero no debemos hacerlo. Lo
que hay que hacer es mirar hacia arriba, hacia la luz. Entonces, al volver la
vista abajo, lo que nos rodea, lo que nos parecía aceptable y hasta
agradable, habrá perdido todo su valor y dejará de atraernos. Hay, pues,
que imaginarse siempre uno mismo poseyendo las cualidades superiores
que aún no posee, y disfrutándolas. No quedarse en luchar con lo bajo,
sino aspirar, mirar arriba. Es la mejor manera de salir del pozo sin traumas.

Por ejemplo, si se desea dejar un vicio o un hábito negativo, no habrá
que luchar con el deseo de ejercitarlo, sino imaginarse sin él, visualizando
la libertad y la felicidad que se sentirá al dejar de depender de él. Eso,
insistentemente hecho, consigue que el cuerpo etérico adquiera el hábito de
repetirlo, vibración que transmitirá al cuerpo de deseos y éste a la mente,
de modo que los tres vehículos se irán acondicionando a ese nuevo punto
de vista y a su insistente vibración. Así, paso a paso, sin grandes esfuerzos,
se sentirá uno cómodo, feliz y sin el vicio o hábito pernicioso.

Este sistema es, por supuesto, aplicable a cualquier vicio, defecto o
tendencia que deseemos erradicar de nuestras vidas. Y a cualquier
aspiración, física, mental o espiritual que deseemos ver realizada.

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